viernes, 22 de julio de 2011

Vuelos 135 Cuidado con los ídolos

¡ C U I D A D O  C O N   L O S    Í D O L O S !

VUELO DE RECUERDO.- Cinco autores que conozco, en sendos libros, han estudiado la psicología del mexicano: Desde luego Su Majestad, Octavio Paz, con “El Laberinto de la Soledad”, una visión afectuosa del México altiplánico de los años cincuenta. Samuel Ramos, filósofo y por lo tanto teorizante en su “Perfil del hombre y la cultura en México”, acerca de una realidad que hoy nos parecerá ajena. Santiago Ramírez, (“La psicología del mexicano”) médico con una mirada al punto neurálgico nacional y, en tiempos actuales, Rogelio Díaz-Guerrero, psicólogo, quien aplicó método científico en varios estudios focalizados sobre la frontera méxico-nortemericana en un universo de estudiantes, trabajo asimismo titulado “Psicología del mexicano”. (No incluyo a Roger Bartra -Anatomía del mexicano-, porque no lo he leído como Dios manda); a los demás les pegué un repasón, aunque bastante superficial, antes de meterme en el berenjenal que representa cuestionar -delito de lesa majestad- la validez de los gigantescos, desmesurados, encomios a los jóvenes de la Sub-17, quienes el domingo pasado ganaron el campeonato mundial de su categoría; pero ¿saben? a ninguno de los maestros tratadistas ubico encarando a fondo el fenómeno tan mexicano de idolatrar a deportistas nacionales triunfadores (no a todos, pues Rafael Osuna, el mejor tenista mexicano de todos los tiempos, paseó su rutilante carrera por todo el mundo, sin que nuestro país le reconociera, oportunamente,  sus merecimientos).
VUELO REVOLVENTE.-  El hecho es que a Ratones Macías, Púas Olivares, Zapopan Romeros, Humbertos Mariles, Cuauhtémoc Blancos, Julios Cesar Chávez y demás, les levantaron, en su tiempo, y de costa a costa, altares domésticos con veladoras, Virgen de Guadalupe y demás parafernalia correspondiente a los penates de nuestra raza. De mis lejanos recuerdos me traigo a uno delos primeros ídolos populares de que tuve noticia: Horacio Casarín el goleador mexicano que jugó con el Barcelona en 1938. Al modo, Horacio fue llamado al cine nacional y apareció -jugando futbol- en “Los hijos de don Venancio” con Joaquín Pardavé; y… ¿Recuerdan al Ratón y al Púas en sendas películas? ¿A Cuauhtémoc, que hasta tiene –o tenía-su revista de monitos? Y, en otro riel, Fernandito Bohigas, niño secuestrado en los cuarentas, también fue llevado a cine. Ufffffffffff…
VUELO ACLARATORIO.- Soy mexicano y futbolista y grité como loco cuando los chamacos metieron cada uno de su goles en los siete encuentros, y también casi me quise morir cuando los contrarios anotaron aventajándolos. Mis respetos  para este conjunto de adolescentes esforzados y pundonorosos que protegieron con tenacidad, atacaron con fiereza, jugaron como maestros y actuaron con madurez, disciplina y decisión defendiendo la camiseta nacional. Son excelentes futbolistas, inteligentes y ordenados. Ellos deberán aguantar adulaciones, evitar llenarse de caldo flaco y perder el piso o, algo que también pudiera ocurrir, cuidar no ser golpeados arteramente o echarse a perder cuando estén convertidos en televisivas  prima-donnas y objetos de comercio. Entonces,  si resisten, serán verdaderamente futbolistas de excepción. Ahorita, por favor no los traten como dioses sino como lo que son: campeones Sub-17, y por supuesto gran satisfacción deportiva para México.

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