MAESTROS REPROBADOS
VUELO DE AFINCAMIENTO.- Profundamente, en mi corazón pervive el recuerdo de maestros quienes, en mi ya lejana juventud, troquelaron una impronta indeleble. Obligado a dar nombres, citaré solo cuatro: el profesor Conrado Espinoza, Alfredo Casarín, Francisco –Flaco Pancho- Favela y Rosario Manuel Espinoza. ¿Cuál es la razón por la cual influyeron tan intensamente en mi personalidad? Primero: eran cultos, no solo académicamente, sino en apretada retícula de conocimientos científicos y humanísticos, obtenidos de vivencias y complementadas con vastas, variadísimas lecturas, marginales a sus especialidades docentes. Segundo: tenían un intenso afán de transmitir, no solo el contenido de sus obligaciones de asignatura, sino de los otros conocimientos los cuales, frecuentemente no les correspondían según los cánones actuales: el amor a la Patria, a los valores morales, el cariño a la literatura, el respeto a uno mismo, la hidalguía, el honor, el pundonor personal.
VUELO DE CALIFICACION.- Pobre calidad de nivel académico la de que acaban de mostrar los 110 mil maestros y profesionistas que obtuvieron una calificación reprobatoria (tuvieron 24 o menos aciertos en un total de 80 ítems ¡el 30 por ciento!) en el Examen Nacional de Habilidades Docentes, referente al Concurso Nacional de Otorgamiento de Plazas Docentes 2011–2012 de la Secretaría de Educación Pública. Desde luego el Sindicato de Maestros hizo la “pertinente” aclaración que no todos los casi 140,000 aspirantes son egresados de escuelas normales, sino muchos son profesionistas buscando una plaza de asignatura; pero no dicen tampoco que gran cantidad de estos aspirantes ya cubren interinamente plazas con la bendición del propio sindicato y ya presentaron en años anteriores la misma prueba y ni aún así pudieron con ella.
VUELO DE CULPABILIDAD.- Aclaro que, aunque muchísimos maestros mataboletos son ignorantes y desfachatados, sería faccioso, estúpido e injusto de toda injusticia no reconocer la labor de quienes sí cumplen con su deber, quienes, afortunadamente, son legión, pléyade. Nadie, por otro lado puede negar que gran parte de la culpa de esta debacle educativa recae sobre el sindicalismo, abusivo y sobreprotector, que ampara, por razones corporativistas, a una enorme cantidad de pésimos maestros, que acceden al aula heredando sus plazas o comprándolas ¡whak, qué asco! Pero no carguemos toda la culpa al sindicalismo. Otra importantísima razón es el nihilismo rampante, aterrorizante, que agobia a la sociedad mexicana. El mexicano actual ya no cree en nada; los ídolos de ayer desaparecieron tragados por el mercantilismo televisivo, los gobernantes están cada día más desvergonzados, y los maleantes se exhiben cínicamente auto convirtiéndose en paradigmas de valor y riqueza; a los héroes de la patria los desacralizaron y exhibieron telenovelísticamente sus defectos humanos, olvidando recalcar sus valores positivos y mientras tanto el materialismo arrincona a la religión, pero no sustituye sus Santos, hombres y mujeres plenos de virtudes y valores, sino endiosa a su majestad el dólar y calca los comportamientos libertinos de los teenagers gringos, olvidando copiar el orden, la disciplina y el trabajo intenso de los empresarios norteamericanos. En este mundo viven los maestros; a ellos mismos corresponde superarlo.