VUELO DE OBSERVACIÓN.- Mis vagancias y andares me han llevado por muchas ciudades y pueblos de nuestro País, y una que otra del extranjero aunque sea de pasadita. Las he encontrado de dulce, de chile y de manteca. Poblaciones históricas cuyos monumentos hacen recordar gestas heroicas y hombres que dieron su vida por un ideal; otras, lindísimas, con bellos rincones de corte colonial o tranquilas placitas rodeadas de frondosos árboles, iglesias monumentales y edificios cargados de leyendas. Otras, poblaciones feas, apestosas, contaminadas con gases deletéreos, hediondas a petróleo, o con hedor de granjas porcinas o llenas de humo o rodeadas de barrios paupérrimos. Ciudades he visto sin relevancia, asépticas, sin color ni sabor; pero otras con la personalidad y distinción de una elegante condesa española. Puebluchos agachados, tristes, con sello de abandono o lugarcitos alegres llenos la colorida gama del iris. Hay localidades de gente esquiva y reservada pero en otras son bullangeros como una bandada de pericos. He visto lugarejos amorfos, sin calidad; pero asimismo he llegado a pueblitos que parecen tarjeta postal; algunos donde quisiera pasarse una vida y otros donde uno no quisiera detenerse ni a poner gasolina. He visto ciudades que parecen fundadas ayer y otras donde el tiempo se detuvo en la prehistoria.
VUELO DE LOCALIZACIÓN.- He visto a Guasave crecer desde que el agua se traía del río en barricas y nos alumbrábamos con quinqués; un Guasave sin carreteras cuya única comunicación era el ferrocarril a 22 kilómetros, que tenía solo dos escuelas primarias y, tanto el pavimento como el drenaje tenían un futuro bastante incierto. Viví en un Guasave cuya únicas industrias eran fábricas de huaraches y cuyas calles polvorientas podían verse de extremo a extremo y, en este Guasave, con centenares de hectáreas de temporal, los productores arrancaban al suelo generoso toneladas y toneladas de garbanzo y frijol. Esos hombres siguen habitando este nuevo Guasave que hasta hace pocos años era denostado y minusvalorado; hoy sus tierras tienen agua por un sistema de riego extraordinario y sus campos, mecanizados y tecnificados producen cerca de dos millones de toneladas de valiosos frutos. Amo a Guasave como hijo fiel y enfáticamente niego que siga siendo el rancho grande de mis mocedades.
VUELO DE CLARIFICACIÓN.- El Guasave de hoy tiene pavimento, energía eléctrica y agua en las colonias más alejadas; estadios para deporte profesional, importantes comercios y una industria modesta pero creciente. Calles y avenidas limpias y arboladas; escuelas de todo nivel cuya cereza del pastel es el CIIDIR donde, si usted quiere, puede cursar un doctorado. Tiene asimismo dos áreas industriales, estación de ferrocarril y una red de carreteras que inervan el municipio. ¿Por qué pues criticar a Ramón Barajas porque está dándole a Guasave la imagen que merece? Por favor no digan que se está maquillando; entendamos que estos cambios visuales están mejorando visiblemente su paisaje urbano, revalorando a Guasave como mejor lugar para vivir. Aplaudo sus esculturas y calles y prados porque reflejan la nueva esencia del Guasave progresista, merecedor de reconocimiento.