M U J E R E S Y H O M B R E S
VUELO PREHISTÓRICO.- Dentro de millones de años, ya extinguida la humanidad, los extraterrestres que lleguen a nuestro planeta tomarán osamentas de hombres y mujeres y las clasificarán en especies distintas; así tan diferentes somos de sexo a sexo. Esto podrá corroborarlo cualquier antropólogo o anatomista, pues las diferencias entre hombres y mujeres arranca desde la estructura ósea y sigue con la conformación muscular, pasa por las funciones hormonales y termina con el dominio de los hemisferios cerebrales. En el hombre domina el izquierdo ( el de las acciones reflexivas, lógicas y analíticas); en la mujer prevalece el derecho (el que maneja las emociones, la creatividad, las imágenes y símbolos). Desmond Moris, reconocido zoólogo escribe: “apenas 10 mil años de civilización no pueden contrarrestar varios millones de años de caza y recolección, por lo que actualmente vivimos una vida que, de muchas maneras, está en desacuerdo con nuestra herencia genética” y sigue Morris: “los hombres somos corredores de riesgos; en ese millón de años, los hombres tuvieron que salir y enfrentarse a los lanudos mamuts y tigres dientes de sable, inventando estrategias de cooperación para vencerlos, lo cual es genéticamente más importante que competir, pues llevar el pan a casa y proteger la familia, es su función básica”, a la mujer, pues, correspondió organizar todos los demás aspectos de la vida: administrar bienes y despensas, atesorar conocimientos, educar a la prole, conservar unida a la tribu y ante todo multiplicar la vida. De hecho, el hombre solo es un accidente en el proceso de la reproducción.
VUELO PRIMITIVO.- Pasada la etapa puramente biológica hubo una especialización considerable de los hombres quienes desarrollaron musculatura necesaria para la cacería y protección para la familia, convirtiendo a la mujer en un ente multitareas que ocupó el centro de la sociedad. La posición de la mujer en las sociedades primitivas sigue vigente en nuestros día porque es un problema de diferencias no morfológicas sino fisiológicas lo cual no es materia de inferioridad o superioridad o de derechos y obligaciones sino de sobrevivencia. En términos antropológicos, el hombre era (y sigue siendo) prescindible mientras que la mujer era (y sigue siendo) demasiado valiosa para sacarla del círculo protector de la tribu exponiéndola a los peligros exteriores, no solo por su función reproductora sino por ser el depósito de todos los conocimientos (la cultura en su sentido sociológico) lo cual las llevó a un liderazgo natural cuya culminación fue el matriarcado.
VUELO ACTUALIZADO.- La mujer ha estado ocupando el centro del conglomerado social, pero las urbes sobrepobladas son centros tribales y, al mismo tiempo, cotos de caza donde hombres y mujeres entrecruzan funciones formando una estrecha retícula con valores equilibrados, tan valiosos unos como otros, pero la mujer, muscularmente más débil, ha sido despojada de sus espacios violentando el orden natural, lo cual genera conflictos; infortunadamente los hombres, psicosocialmente inferiores, tendemos a resolverlos en forma violenta, olvidando que socio-psico-biológicamente nos corresponde proteger a la mujer en una simbiosis indispensable, para evitar que se extinga la especie humana.
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