EDUCACIÓN, FORMACIÓN y PERSONALIDAD
VUELO IDENTIFICANTE.- En términos bastante elementales podemos decir que la personalidad de los seres humanos está configurada bajo tres áreas fundamentales:
Biológica, intelectual y social. De la forma en que éstas se equilibren o descompensen será el comportamiento del individuo. La parte biológica es la herencia genética: conformación física, respuesta muscular, capacidad intelectual, temperamento y hasta la inclinación o facilidad para determinados estudios y actividades. Lo intelectual se forma con los conocimientos adquiridos en la escuela, vivencias personales, en el estudio y demás fuentes del conocimiento científico y tecnológico. Respecto a lo social las bases están en el ambiente familiar, el contacto con los padres, el entorno donde se crece, las creencias religiosas y las relaciones con amigos, condiscípulos o vecinos; es decir el mundo que nos rodea y nos configura socialmente. Cuando la parte biológica domina, somos profundamente viscerales; si prevalece lo social, las tendencias pueden conducirnos a una vida materialmente poco productiva y si nos domina lo intelectual podemos llegar a un extremo en el cual olvidemos nuestra naturaleza humana, quizá con tendencias psicóticas. Hay circunstancias que lo muestran: la Alemania nazi, en la cual el dominio intelectual condujo a horrores como el Holocausto. El crecimiento de lo religioso que aniquiló al Tibet o tal vez el enorme desarrollo del sentido social de Henri Dunant que, si bien fundó Cruz Roja, lo arruinó financieramente.
VUELO MEXICANO.- No hace falta hacer un viaje al fin del mundo para darnos cuenta que a los mexicanos nos domina el área biológica: somos gregarios, conformistas, temperamentales, confiamos más en los curanderos que en los médicos y muchas veces nos aferramos a creencias supersticiosas más que de religión y nuestra configuración psicológica es un caos que rige deficientemente nuestras relaciones con los demás. Es cierto que la escuela que debería instruirnos lo hace con tan poca eficacia que para la mayoría asistir a clases no es la oportunidad de adquirir herramientas para construirnos una mejor calidad de vida sino una actividad que les permite huir del arado, a los hombres o a las mujeres del metate. La mayoría de los mexicanos todavía no nos percatamos de que el problema no es la escuela sino nosotros, la gente, padres de familia, políticos, profesionistas y por supuesto los maestros sin dejar por fuera a los jóvenes. Nuestro problema es un problema de actitud. Podemos culpar al gobierno, a los españoles, a los aztecas, a don Porfirio, a la corrupción, a todo, pero olvidamos la dependencia absoluta de la dádiva oficial, desde el reparto de la tierra a la condonación de créditos; desde el corporativismo generador de votos a los monopolios oficiales; desde el sindicalismo protector de ineficiencias a la burocracia corrupta y terminando con nuestra inmoralidad personal que otorga y recibe cohechos.
VUELO DE ACTITUD.- Nadie nos va a cambiar. Hasta que nos horrorice la corrupción podremos ubicarnos en el camino de corregir esa actitud negativa que acepta sumisamente el reinado del hampa organizada y tolera pasivamente a quienes deben defendernos con eficiencia y responsabilidad.
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