LA GUERRA DE INDEPENDENCIA EN SINALOA
VUELO DE HISTORIA.- Estuve en una interesante conferencia dictada por el doctor en Historia Agustín Velázquez Soto, guasavense de origen y acucioso investigador, cuya preocupación por la historia de Guasave marca hitos en el conocimiento de esta maravillosa tierra tan productiva, tan pacífica y tan denostada por los envidiosos. Expuso, entre otros aspectos históricos de nuestra ciudad dos tesis que me parecieron dignos de reflexionar. Una la existencia de un aura de paz, alegría y prosperidad que dimana de la presencia de nuestra señora del Rosario en el doblemente centenario santuario. Está claro: quienes no son católicos pondrán en tela de juicio esta creencia; bien, respeto su modo de pensar y a otra cosa, mariposa. Dos, los movimientos precursores de la Guerra de Independencia con el levantamiento de los aborígenes de la región a finales del siglo XVIII y que en mi concepto fue una reacción de los pueblos autóctonos, cuyas vidas habían sido modeladas por la educación jesuítica y ya no estaban dispuestos a tolerar sumisamente la esclavitud de los propietarios de minas y la despiadada férula de los encomenderos españoles cuyas maquinaciones habían reforzado las intrigas contra la Compañía de Jesús, las cuales dieron fruto al decretar el rey de España la expulsión de la Compañía de todas las posesiones hispanas. Como consecuencia de la expulsión de los jesuitas, las misiones, quedaron a cargo del clero diocesano, el cual tenía otras formas de organizar la feligresía.
VUELO JESUITICO.- La compañía de Jesús tuvo una acción civilizadora en territorios inhóspitos a través de sus misiones y, aunque indudablemente una de sus metas era conseguir la conversión de los aborígenes al catolicismo, regularmente no lo hizo como una tarea única y aislada sino que fue reforzada por acciones civilizadoras en el terreno de lo material, pues las misiones fundadas en el Nuevo Mundo eran verdaderas unidades de producción donde los indígenas, apartados de su vida nómada aprendían a sembrar, a criar ganado para alimento y trabajo y ante todo a vestir, a vivir bajo techo en comunidades donde prevalecía el orden y el trabajo que les beneficiaba personalmente. Con esto no se quiere decir que fueran entidades ideales pues los jesuitas, ultimadamente, eran sacerdotes católicos y mantenían controlados a sus feligreses aunque no en la ignorancia pues todas las misiones tenían sus escuelas.
VUELO LIBERTARIO.- Para cuando se inició la guerra independentista en forma más o menos organizada, los jesuitas tenían cuarenta años de haber sido expulsados de la Nueva España (1769), pero la impronta de su acción civilizante se manifestó en las acciones de la única etapa realmente organizada de la guerra cuando las huestes insurgentes al mando de don José María González Hermosillo, engolosinadas con una fácil victoria en El Rosario se hicieron fuertes en San Ignacio Piaxtla, enfrentando a las tropas de don Alejo García Conde formada por aguerridos arqueros ópatas, cuya disciplina, producto de la educación jesuita, permitió aniquilar a los insurgentes acabando con las esperanzas del padre Hidalgo de traer a Sinaloa su guerra libertaria.
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